Los vinos herederos de las 125 vendimias de Rioja Alta

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Más que una bodega centenaria. Rioja Alta S.A. llega a su 125 aniversario fiel a su estilo y con las ideas claras, más joven que acabada, y así lo ha hecho saber en la presentación anual de sus selectos vinos.

 

Coherencia, elegancia y calidad son tres señas comunes de identidad que comparten los vinos de Rioja Alta, cuyos elaboradores no parecen haberse rendido a la dictadura de las modas. Los riojas son clásicos, los ribera tienen carácter, todo sigue en su lugar en esta bodega por la que los años pasan sin notar los estragos del tiempo o de los tiempos.

 

La familia de los vinos de Rioja Alta ha crecido y evolucionado a niveles superiores de detalle y sofisticación, y a los vinos más emblemáticos y mejor posicionados en el mercado se han añadido nuevas elaboraciones que enriquecen la diversidad de la bodega.

 

En la cima de sus vinos riojanos encontramos el Gran Reserva 904, que en la cosecha 2005 ha conseguido superarse en delicadeza, suavidad y elegancia. Tempranillo con un toque de graciano, este tinto con cuatro años de crianza tiene un color cereza del que emanan notas balsámicas y de fruta en confitura. Equilibrado, redondo y de paso dulce, tiene una justa acidez y un final tan largo como placentero.

 

Compite en poderío el 904 con la segunda edición del Gran Reserva 890, una selección de tempranillo, graciano y mazuelo de 2004 con seis años de crianza y más de cuatro en botella, fruta madura, aromas balsámicos y de chocolate, un rosario de notas para otro tinto sutil, con volumen, duradero, preciado y agraciado.

 

Muy fiel a su esencia, Viña Ardanza pasa a la añada 2007 intenso, redondo, suave, envolvente, un tinto de tempranillo y garnacha con más de tres años de crianza que combina especias y frutos rojos en nariz, cuerpo y equilibrio en boca, y desde luego un marcado final. Y lo mismo podemos decir de Viña Arana, cosecha 2006, tempranillo y mazuelo con acidez equilibrada, con nervio, auténtico. O de Torre de Oña (2010), un vino que vibra con fuerza, aromas de fruta negra y tostados, equilibrio y presencia en boca.

 

Con todos ellos comparte cartel Áster Finca El Otero (2010), sabroso Ribera del Duero, potente, armonía de fruta negra madura, de notas balsámicas y especiadas, de un paso suave y mineral en boca. Y el hermano blanco, el gallego, Lagar de Cervera 2014, albariño muy intenso en nariz, de características frutas blancas y tropicales, notas herbáceas, potente y persistente, pero también untuoso y sutil. Son los legítimos herederos de una tradición centenaria, forman una familia exquisita y una historia de la que todavía quedará mucho que contar.